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Monstruos del pasado

Aquel monstruo de fuerza tenaz
capaz de seccionar mi esencia y diseminarla por sentinas,
zarandeó arraz mi voluntad.
Me engulló hacia el vacío océano de nefastas memorias,
un cosmos siniestro y apagado.

La puerta cerrada,
y yo adosado a ella, apuntalándola con rabia.
Aguantando la respiración,
derrotándome en una esquina,
gritando mudo y sin fragor.

Curia que me condena a vivir apartado.
Furia que decreta silencio obligado.
Las manos tiemblan, el pecho tiembla.
El semblante sin aspecto ni apariencia.

Martes negro, que me anulas y me mutas en boceto,
que me desdibujas convirtiéndome cautivo de tus fueros.
Abismo oscuro en el que muero. Hoz que lisió mi entendimiento.
Martes para encerrar en libros de bestias y malas artes,
que injurias, con la sangre de un lejano ayer, mi estandarte.

La puerta cerrada,
y yo adosado a ella, apuntalándola con rabia.
Drenando los lagos de mis avernos,
inhumado en cal viva,
agotándome por dentro.

Aquel monstruo de fuerza atroz,
que me destrozó siendo efebo y precoz,
que caminaba con pasos de vuelta en su intención.
Ultraje conjugado imperativo en su deambular,
abyecto y con saña, mala hierba y mala calaña,
de lóbrego rostro y parca orfandad.

Volvía esa puta mierda de sensación que hizo astillas mi Tótem,
obstruía mi respiración, lapidaba los vomitorios del aire.
Resucitaba aquel puto zoombie corrosivo y sin piedad
para descarnar el desconsuelo, y convertirme en alquitrán.
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Cerros

Tú fuiste poesía,
fuiste experiencias,
fuiste mis vidas.
Fuiste tardes en el cielo de moqueta azul
y pared rosa pálida,
ávida de tus colores.
Bebí de la fuente cálida,
el agua que ofrecían tus miradas.

Llegó el día,
en que por locura o por manía,
confesé palabras y humo,
solté a bocajarro que había un incendio
en los vértices de nuestros muros.
Tu sinceridad infinita,
fue paz y reposo,
fue calma en mis ermitas.
Dormía serena entre mis cerros,
hasta que se apagó el sol
en un crepúsculo de hierro.

Y tus enfados,
quejumbres por una carta…
Quebrada, hendida en la montaña,
mi palabra nunca remontaba.
La herida se hizo frontera,
y te separó… a tí,
porque yo siempre estuve allí,
dispuesto a volver a caer.
Dispuesto a cavar más hondo,
y dispuesto a cavar más pozo.
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Demonio y muro

Y viste en mí, un demonio
de voz de fuego
y lengua caliente.
Una bestia
de perturbadoras voluntades
y blasfemias en mente.

Y yo, confuso y errático
sin saber cómo moverme,
bajo el dintel de tu pórtico.
Y tus prejuicios afilados
decidieron necesario
que yo fuera un monstruo gótico.

Alejaste tu palabra,
recogiste tus espacios,
te mudaste a tus enfados.
Y yo doblando y redoblando
como un loco las campanas
para acallar el silencio forjado.

Sólo conseguí murmullos,
e injurias entre dientes,
al cruzarnos nuestro paso.
¿Qué dijiste aquel día?
¿Qué hostias dirías?
¿Sabes de qué te hablo? (así acabó el verano)

Y viste en mi, un animal
de voz en celo,
y de lengua sedienta.
Una bestia
de deseo obsceno
y anhelo de sierva.

Me honra no complacerte.
No por casto, ni por decoro,
sino por el guardián de mi muro.
(ay…) Si no fuera por mi muro…
Tus vallas harían aguas,
y habría penetrado hasta tu zuro.

No soy demonio, ni bestia, ni animal…
¿Qué más puedo hacer para que confíes en mí?
¿Qué más hacer?
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Tierras del norte

Y llegado Septiembre,
te fuiste a mis montes,
creíste que no lo sabía,
pero subiste a mis tierras del norte.

Vuelve. Vuelve.
Deja de ser viento entre mis redes.
Deja de ser tinta en mis escritos.
Deja de ser en mis poemas ciegos.
Déjame verte, escribirte, cogerte.

Déjame alterar tus espacios
con los ríos turbios que emanan de mi boca,
efluvios de mi voz que quieren hacerse con tu ropa,
penetrar y arraigarse en tus entrañas.
Arroyos que brotan montañas
y buscan la desembocadura de tus carnes.
Brazos de mar contenidos por tus vallas,
que buscan liberarse y encenderse de tus artes.

Y llegado Septiembre,
encontró el otoño a mis bosques,
creíste que no me acordaba,
pero subiste a mis tierras del norte.

Vuelve. Vuelve.
Sé viento entre mis nieblas.
Sé tinta entre mis venas.
Sé boca en mis poemas.
Sé mi vista, mi palabra, mis manos.

¿Cómo decir follar con recato?
¿Cómo fornicar sin perder la compostura?
¿Cómo no embestir si yo soy río y tú estuario?
¿Cómo emerger de tu recuerdo si eres tierra anudada a la luna?
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Todo se teñía de tu luz

Todo se teñía de tu voz,
y de esa luz que ya no está,
esa luz que huye de mi.
Mi cabaña de barro se quebró,
no tengo donde caer,
ni tengo donde dormir.

Vivo de las sombras
donde se abandonó la fe,
vivo por tierras extrañas
donde creí ser lo que creí ser.

Tu ausencia es ansiedad.
Antes no sabía del vacío,
ahora sé que soy todo vacío.
Falta de tu mano, de tu piel, de tu sonrisa…
me faltas como a la mar seca le falta un río.

Viento que arroja hojarasca
que entierra los caminos.

Otoño que guarda silencio,
otoño que me derriba,
ese otoño eterno
que empezó hace semanas,
y los aires fríos lo socavan.

Otoño en su trinchera,
que finalmente cederá
las embestidas del invierno.
Arrecia el cierzo mi alma torcida.
Soy el que lo perdí todo,
soy el que perdí a mi amiga.

Todo se teñía de tu risa,
de tu pelo, de tus miradas
tras de tus cristales.
De verte morderte la boca,
con tu boca y con tus palabras,
acequias de amplios caudales.

Tu ausencia son barrotes,
de los que me hice prisionero.
Ya no hay caballos al trote,
fueron domados por el desaliento,
les falta de tu mano, de tu piel, de tu sonrisa…
Me faltas como a un pozo hundido le faltan sus adentros.

Al final, fui yo quien trajo el invierno.
Ese invierno que clavó
sus desgarradoras fauces
en las carnes vivas del verano.
Cortó por lo sano el mes de Agosto,
dejándolo frío, famélico y angosto.
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Despedida y cierre

Llegaste como viene la luna,
escondida a la luz del día.
Tus palabras eran cuchillas,
y cálido veneno en tus sonrisas.
Mi piel sólo era piel,
y, ¡joder! pronto hiciste herida.

Viniste con otra frontera en mente,
con fecha de caducidad,
yo muero y moriré,
sólo en el mes de Septiembre,
y el resto de toda mi vida,
me toca resucitar.

No quise ser vástago que brotara entre tus ramas.
Nunca ansié ser vela que aguantara tu llama.
No pedí ser barca a merced de tu marea.
Nunca anhelé ser hierro, mástil de tu bandera.
Ya no quiero conquistas en los Reinos de Hades,
ni ser vástago, ni vela, ni barca, ni hierro…
pero quién cojones dijo que el amor fueran voluntades.

Aquel lunes fue difícil,
como si el invierno llegará en Abril.
El martes fui fuego, fui rabia,
fui llanto en una esquina,
un viaje express a los infiernos.
El miércoles fui ceniza entre tus manos,
quedé pobre de palabras,
no supe qué decir.
El jueves desaparecí,
no sabía si quererte
o matarte dentro de mí.
Pasaron 500 años antes del viernes,
y fui pájaro de rojo plumaje…
fui el puto ave Fénix.

No todos los días soy poeta,
pero he visto poesía todos los días.
Viviré en la eterna ciudad de la niebla,
en el charco más profundo,
llama que llama a las puertas del cielo,
bautizando dementes con mi mismo credo.

Y cuándo te vayas,
dónde se enterrarán mis días
¿qué va a ser de ellos?
No sé si podré olvidarte,
y no sé si querré olvidarte.
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