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Ella

Ella, ella de fuego, de canela.
Recuerdo que siempre fue tan mía.

La noche que nos cobijaba
Nos acogía en su bella locura:
Siempre fue tan mía.
Siempre, era en sus cabellos mi enredadera,
En su piel, mi caricia delgada y suave.

Ella, tenía en sus ojos un rayo de luz de luna.
Y en su boca los manzanos más dulces.

Ella, fue el perfume que me embelesara
En las noches en que nos tomábamos el cielo
A nuestro antojo y deseo.

La recuerdo perfectamente.
Se lanzaba a mis brazos y amortiguaba con mi pecho.
Le gustaba dejarme hablar, decirle,
Que nuestro amor no podía ser de otra forma
Que de ésta, así,
Nocturno y demente,
Silente, pero radiante en nuestras almas.

Ella, ¡ah! Ella.
Siempre fue tan mía.
Tan sumisa y dulce.
Tan tierna, tan mística.

Su cabellera negra reflejaba el halo de las estrellas.
Su boca trémula a mi tacto tibio
Me mordía con cierta sutileza exquisita.
Sus ojos eran la ola de mar
Gobernada desde el crepúsculo.

Y fue así, así se enterró en mi ser,
Ella, ella, la de aquellos días.
Hizo inventos con mis neuronas.
Se estacó despacio en mi alma.
Ella, así lo hizo:
Recuerdo que siempre fue tan mía
En aquellas noches de locura.

J. Palacio

etiquetas: romántico, verso libre, amor, tristeza
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1comentarios 52 lecturas versolibre karma: 12
#1   ¡Bienvenido y gracias por tus versos! Tu poema me ha traído un recuerdo de Neruda y sus poemas de amor: "Sus ojos eran la ola de mar
Gobernada desde el crepúsculo". Buen texto.

Como sugerencia te diría de no empezar todas los versos en mayúscula, y hacerlo sólo cuando el verso anterior finaliza en punto. Es una opción personal, que si bien puede quedar dentro de la libertad tipográfica, en mi opinión rompe visualmente el discurrir del poema y en ocasiones dificulta la lectura.
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